Dejó de divagar, (le encantaba dejar volar la cabecita) y se metió de nuevo en los preparativos de su viaje. Lo tenía todo; pasaporte, tarjetero, su mini botiquín, el regalo especial que tenía para él, cada vez que le venía a la mente se reía ella sola porque sabía que cuando lo abriese se quedaría descolocado. Hacia meses él le había mandado la foto de un picardias y le dijo: "me encantaría verte con él puesto" a lo que ella le contestó: "no mientas, te encantará verme sin él" los dos se rieron.
Así que buscó, no sin esfuerzo y tiempo, uno igual y al final lo consiguió.
Ya lo tenía bien envuelto para regalo dentro de su maleta.
Justo cuando iba a salir de casa para coger el taxi, sonó su móvil, era un whatsapp de él que decía: Buenos días, cielo. Te amo
Un escalofrio recorrió su espalda, como cada vez que él le daba los buenos días así, aunque también le gustaba cuando lo hacia con una canción. Era su gran amor, de eso no tenía duda.
Ella sabía que iba a estar muchas horas sin poder conectarse, el vuelo era de largas horas cruzando el Atlántico, asi que tenía que decirle algo para que él no se preocupara, no le gustaba mentir, pero si quería mantener la sorpresa no le quedaba otra, ya se haria perdonar cuando le tuviese frente a frente.
Asi que contestó a su mensaje: "ainssss, ya me sacaste la sonrisa. Por si no lo sabes, yo también te amo. Imagino que estarás a punto de dejarte abrazar por Morfeo, antes de que me abandones por él, he de decirte que quizá yo no pueda darte los buenos días, tengo un día muy complicado, primero tengo un caso importante y ya sabes que cuando estoy en los juzgados tengo siempre el móvil apagado y después tengo que acompañar a mi madre a hacerse unas pruebas, tranquilo, tema rutinario. Pero a la tarde/noche te compensaré, ya lo creo"
Ya metida en el taxi leyó la respuesta de él y no pudo por menos que sonreir, se le debió escapar una risa porque el taxista le comentó que era un placer oir a esas horas la risa y ver una cara tan sonriente, de hecho, le empezó a contar una anécdota sobre no sabia quién o qué, pero lo único de lo que llegó a enterarse es que el anterior cliente era como un témpano de hielo y que habia dejado la temperatura del coche bajo cero "no lo ha notado?" le preguntó a lo que ella solo pudo contestar: "no, lo siento, será que justo antes de subir al taxi alguien me ha caldeado el corazón" él sonrió y le dijo: "no deje escapar a alguien asi, señorita" ni loca le contestó ella, es más, hoy mismo voy a hacer que se derrita con mi calor. Hoy vamos a tener nuestra propia pasión incendiaria,una que el paso de un hielo por nuestro cuerpo solo conseguirá caldearnos más. El taxista puso una media sonrisa en su cara y murmulló: "un tipo con suerte" ella al oirle no pudo por menos que decir: "es una suerte y placer recíproco y compartido".
*Este relato es mi aportación a la iniciativa de Ginebra para el mes de junio. Hacía tiempo no colaboraba y me ha encantado hacerlo. Y más con una mujer y una artista tan fantástica.







