¿Hacía dónde nos encaminamos?, ¿Qué sociedad actual es la que hemos creado? ¿Hemos perdido los valores? ¿Qué costo hemos tenido que pagar por el progreso vertiginoso? Estas y muchas otras preguntas son las que muy frecuentemente -cada vez más- me planteo. No me gusta la sociedad en la que vivo, no me siento identificada en muchas cosas y en otras me doy cuenta, no sin revolverme, que me dejo llevar.
La era de las nuevas tecnologías nos ha abierto un mundo impensable hace 30 años, un mundo en el que todo lo tienes rápido y al alcance de la mano casi sin esfuerzo, desde el conocimiento (algo que puede ser positivo según el uso que se le de) hasta la adquisición de cualquier producto, y para una sociedad tremendamente consumista eso es el paraíso. El mayor escaparate para incentivar el consumismo son las redes sociales, en las cuales se venden -cual anuncios de televisión- vidas artificiales en las que el tener prevalece sobre el ser. Consumir para ser mejor que los demás, para ser diferentes, es la gran trampa del siglo XXI, que en mi opinión lo que está creando son seres insatisfechos y frustrados, nos estamos olvidando de lo que es la espera, de que no todo se puede tener - y de que además no es para nada necesario tenerlo todo- de que los deseos no siempre se cumplen y que parte de su magia, es precisamente esa, que no siempre se cumplen, estamos olvidándonos de que no es lo mismo valor que precio.
Hasta el sexo que se nos vende en internet puede provocar que se vea el sexo real como algo aburrido, soso y se necesite de un sexo salvaje -en muchos casos, cada vez más, un sexo delictivo- y hay que tener muy buenos cimientos, una cabeza muy bien amueblada para saber quedarse con lo bueno que nos ofrece este mundo llamado internet, que obvio lo tiene, y hacer un buen uso de ello, pero cuando hay carencia de valores, de honestidad, de unos buenos cimientos ¿Qué ocurre? pues no hay más que echar un vistazo y darse cuenta de en qué punto está esta sociedad y hacia dónde se encamina.
Cada vez hay más crispación, las opiniones del que piensa diferente a nosotros ya no son tomadas como algo de lo que se pueda aprender, no son tomadas como algo valioso que puede enriquecernos, hoy en día son aprovechadas para usar la crítica más feroz y vil; con el insulto, la vejación y la mala baba, sí hay por las redes sociales una mala baba que demuestra la poca educación, la insatisfacción y la vileza de una gran parte de esta sociedad.
Pero sin duda, no todo es malo (hay muchas cosas buenas) y hay que quizás primero cimentar bien a las personas y educarlas en el respeto, en la autoestima, en la consideración con los demás y que lo importante es SER, por encima del tener.
Veloz progreso
alterador de vidas
vaciándolas
de valores reales
ficticias vidas surgen.
Y hay canciones que siguen siendo actuales... nuestro comportamiento en ciertos temas ha ido a peor.













