Los pies en el suelo y la mirada en la luna, me aferro a esta tierra aún sabiendo soy de otro mundo.

Los pies en el suelo y la mirada en la luna, me aferro a esta tierra aún sabiendo soy de otro mundo.

sábado, 19 de febrero de 2022

AJEDREZ


"En el ajedrez como en la vida, la mejor jugada es la que se realiza"  Dr, S. Tarrasch


Me gusta el ajedrez desde pequeña, cuando mi padre me enseñó a jugar y empecé a competir, me entretenía y me ayudaba a concentrarme. Me fascinan esos 64 escaques, cómo van tomando vida al colocar cada una de las piezas. Me fascina la belleza de la batalla, de la concentración, del meterse en el pensamiento del contrario para adelantarse a su movimiento, para antes de que él mueva, tener pensado por donde cortar su avance. Le debo mucho al ajedrez, gracias a él aprendí a pensar (aunque a veces se me olvide hacerlo) aprendí a concentrarme. Es una de las pocas cosas en esta vida que logra que mi mente se meta tanto en la partida que no haya cabida para otros pensamientos, ni para dispersiones. Gracias al ajedrez he podido ver más allá de alguna persona y eso me ha ahorrado algún que otro disgusto, el ajedrez me ha servido en más de una ocasión en la profesión que elegí. Sí, agradezco infinito que a mi padre le gustase y quisiera enseñarme a jugar, y me acompañara a cada competición y me ayudara a mejorar (aunque obvio jamás llegué a ser tan buena como él).

Y me interesan los libros cuya temática es el ajedrez, o en ellos se hace referencia a él. Y por ello mi siguiente lectura ya está en camino: "La Defensa"  Vladimir Nabokov






Ajedrez de Jorge Luis Borges (en mi voz)


"En cada jugada que haces muestras un fragmento de tu personalidad"

Juan P. Miracca

lunes, 14 de febrero de 2022

NADA MÁS IMPORTA



Enamorada

de la vida del amor

leal amante.

Entregándome toda

a quien me sabe amar.





"...Siempre confiando en nosotros

nada más importa" Metallica


martes, 8 de febrero de 2022

VÉRTIGO


 Los años van pasando de manera inexorable. No soy una mujer nostálgica - tengo mis momentos, pero no son los que marcan mi forma de ser -no soy de pararme mucho a echar la vista atrás-, pero ese día al ver  un paisaje, otras veces ya recorrido, me entró un vértigo difícil de explicar, porque nunca antes lo había sentido, y el vértigo me llevó a una sensación que no era tristeza, no era nostalgia, no era pena, no era alegría, era una mezcla de todas ellas, y me acordé de la "malegría" de Manu Chao y la sonrisa afloró una vez más en mi, ¡cuándo no!. 

Mientras esa sensación iba poco a poco inundando mi ser, mi parte más pragmática se empezó a preguntar; ¿Por qué? ¿Qué ha producido esta sensación? ¿Qué ha cambiado en ese paisaje que veo casi a diario para que  hoy me haya tocado la fibra de esta manera? y busqué dentro de mi las respuestas, y me topé con una miríada de sensaciones,  aparecieron uno a uno fotogramas de mi vida retratando a mi padre, mi madre, mi marido, amigos, cosas compartidas con ellos, momentos felices, y mi alma se llenó de felicidad, de ternura, de amor, pero seguí preguntándome ¿Qué es eso que me ha dado tanto vértigo? y supe, tras contestarme a las otras preguntas anteriores, cuál era la respuesta a esa: el saber que ya no podré volver a tener momentos felices, tiernos, de amor con gran parte de todas esas personas, sí podré tener, y tengo, la alegría de recordarlo, de saber que lo he vivido, eso os aseguro me crea una felicidad inmensa, pero a la vez nostalgia, tristeza -"malegría"- de saber que ya no podré, sé que voy a tener otros momentos felices (hago por creármelos) que aún hay personas con las que poder compartir y que seguro iré conociendo a otras, pero hay una imposibilidad real de que ciertos momentos compartidos  puedan volver, y eso me produjo vértigo. Fueron unos momentos, fue una ráfaga, pero fue algo que me traspasó.

No sé cuánto me quedará de vida -quién lo sabe- no sé que me deparará el futuro - si existe como tal eso que llamamos futuro- no sé cuántas veces reiré aún (conociéndome imagino que muchas) cuántas lloraré, cuántas alegrías y cuántas penas me quedarán por vivir, pero lo que sí os aseguro es que me cabrea mucho saber que hay cosas que ya no podré volver a compartir y vivir, que una vez más mis libertades quedan cercenadas por esto que llamamos vida/muerte (las dos caras de una misma moneda) . Y sí, voy a disfrutar de lo que me quede, pero tengo también derecho a rebelarme y decir un contundente: merde!