Los pies en el suelo y la mirada en la luna, me aferro a esta tierra aún sabiendo soy de otro mundo.

Los pies en el suelo y la mirada en la luna, me aferro a esta tierra aún sabiendo soy de otro mundo.

sábado, 28 de noviembre de 2020

JUGANDO CON LAS OLAS

 



Las olas besan
mis pies con aguas frías
yo les regalo
mis carcajadas vivas,
mi mirada de niña.


Jugando con las olas de nuevo salió la niña que hay en mi,
mientras más corría huyendo de  las gélidas aguas del mar,
más me mojaban, hasta que me rendí a ellas y cedí a su juego
no pudiendo parar de reír. 
  

domingo, 15 de noviembre de 2020

ENTRE HAIKUS Y TANKAS, TÚ

 


Las olas gritan

Rompiendo el silencio

Y tú me miras

Y yo muda observo

El mar cómplice nuestro. 


Amor celeste

Amanece sin miedo

 Tú y mi cielo. 



Esta orilla

De arena húmeda

La mar la besa

Testigo de mis pasos

Hasta mi destino: TÚ



domingo, 1 de noviembre de 2020

LA CONCILIADORA

 

Desde niña siempre pensaba cómo sería mi encuentro con ella, si me hablaría, si sabría sonreír, si me abrazaría con cariño cuando viniese a verme, todas las noches pensaba: ¿será hoy cuando venga? ¿hoy será cuando vea su rostro?

Era una bella dama, tan negra como la noche, esbelta y con unos andares sigilosos, nadie sabía nunca por dónde, ni cuándo iba a aparecer delante de uno, sus ojos eran de tal profundidad que podían traspasar el alma de cualquier mortal sobre el que posase su mirada, era tal su poder que era temida en todos los rincones del planeta.

Pero ella era solo un ser más en el engranaje de esto llamado vida, ella cumplía con su función; la que le adjudicaron al inicio de los tiempos y lo hacía escrupulosamente, llevaba miles de millones de años cumpliendo con ese trabajo. Así fue como la conocí, haciendo su trabajo, había llegado el día en que iba a poder estar cara a cara con esa bella dama, había llegado el día de conocer a la muerte. Recuerdo ese día como uno de los más singulares, extraños y a la vez más excitantes de mi vida.

- ¡Aquí me tienes! Sé que desde pequeña te has preguntado cómo sería nuestro encuentro.

Me quedé parada, muda y lo reconozco, con un sudor frio provocado por el miedo. Solo atiné a decir.

- ¿De verdad eres tú? Lo dije tartamudeando, y sucedió algo que me dejó totalmente sorprendida, de repente, la muerte sonrió y me dejó ver a través de sus ojos su mayor miedo, iba a preguntarle cuando dijo:

-Yo también sufro, he visto durante siglos cómo los mortales tenían miedo a que les llegase la hora de venir conmigo, pero nadie jamás ha sido capaz de ponerse en mi lugar y pensar que mi existencia ha sido tan solitaria, tan triste, sin nadie que me quisiese. Mi gran miedo siempre ha sido no encontrar a mi igual, a alguien que quisiera compartir conmigo la carga de tener que vagar durante años conduciendo a las personas al otro lado de su existencia. 

Se quedó callada y yo no me atrevía a decir nada, no deseaba romper ese momento, y bien es cierto, que por fin algunas de las preguntas que desde niña me había formulado estaban encontrando respuesta. Ella prosiguió diciendo:

-Sé que tú también me has tenido miedo, pero sé que tu miedo no era a mi sino a lo desconocido, tu mayor miedo siempre ha sido el no saber, el no tener respuestas, he notado en tus pensamientos que has llegado a pensar en mi con curiosidad, hasta con cierto cariño.

Tenía intención de decirle algo cuando me puso el dedo en la boca para que callara y continuó;

-Déjame acabar, por favor. Aún no he venido a acompañarte al otro lado. He venido a hacerte una propuesta.

- ¿Una propuesta? ¿A mí? Le espeté.

- Sí, deseo que seas mi amiga entre los vivos, deseo que consigas conciliar a los mortales con mi persona, quiero que seas mi rostro, mi voz y que les muestres que en el fondo soy como cualquier ser humano, yo también tengo mis miedos y mi existencia es triste sabiendo que durante la vida soy temida, pero mi sufrimiento es eterno, porque lo que me diferencia es que yo no soy mortal y no puedo dejar un día mis sufrimientos atrás, como podéis hacer vosotros. Deseo que los prepares para mi llegada y que seas mi conciliadora con ellos.

No tenía otra opción que aceptar y desde ese día me dedico a mostrar a los mortales que ella es parte de la vida, que gracias a ella podemos avanzar, y transformarnos. Desde aquel día soy su conciliadora y me esfuerzo porque los humanos consigan ver la imagen amable de la bella dama.

Desde aquel día he  podido  conciliar a muchos humanos con la muerte.



*Este relato lo escribí para la propuesta de reto del mes de octubre de  GINEBRA