Bucear en las librerías es un placer, hay ocasiones en las que me gusta entrar solo para ver si hay algo que llama mi atención; algo curioso, algo que me enamore por uno u otro motivo, bien sea por ser algo extraño, bien por ser un libro con ilustraciones excepcionales o por algo que para mi es especial. Y entonces me doy ese capricho de llevarme conmigo eso que me enamoró.
En mi última visita a la librería, ayer mismo, me topé con objetos que me enamoraron en unos casos, en otros me sacaron una sonrisa y los adopté:
Desde hace muchos años vivo enamorada de Mafalda, y aunque tengo un libro con todas sus tiras, me topé con esta caja que contiene 11 tomos
Y no fui capaz de dejarlo en el estante y pensé que tenía la ventaja de que, por ejemplo, si voy de viaje puedo llevarme un tomo, el que tengo es enorme y pesa mucho, imposible llevarlo de viaje (siempre encuentro un buen motivo, más allá del válido porque quiero y puedo)
Seguía mi exploración en plan Dora cuando me encontré algo que os aseguro me sacó una sonrisa, casi podría asegurar que fue una sonrisa con sonido, porque me pareció ver a alguien que me miraba y sonreía, y ese efecto en mi lo provocó ver a unos clásicos convertidos en manga y aquí he de decir que lo tuve muy difícil porque tuve que dejar los hermanos Karamazov o el capital de Karl Marx, incluso estaba El Quijote, quizás en mi próxima exploración...
Pero los elegidos fueron otros dos.
Cómo poder dejar allí a mi querido Maquiavelo y su obra El Príncipe, con lo que he disfrutado yo de su lectura, era imposible, tenía que venirse conmigo su versión manga.
Y con Kant fue donde dudé si él o alguno de los otros que me dejaba y que también me parecían interesantes de tener, pero al final inclinó la balanza una cuestión sentimental, esta vez ganó el corazón.
He leído las dos obras y El Príncipe especialmente me parece un libro que casi debería ser de obligada lectura y puede que haya puristas que piensen que esta adaptación al manga sea algo casi sacrilegio, pero a mi me ha resultado curioso.
Me confieso una viciosa de las ediciones con ilustraciones, como decía antes, excepcionales o especiales, por eso mis dos últimas adquisiciones son ediciones ilustradas
Relato de Roald Dahl, considerado su mejor relato. Una velada misteriosa, el vino está servido y empieza la cata...
Las ilustraciones son de Iban Barrenetxea, en lo personal he de decir que me parece un gran trabajo de ilustración.
Y mi último capricho, por el día de ayer , fue el relato de Kipling "El hombre que pudo reinar" con ilustraciones de Fernando Vicente.
"La única diferencia entre un capricho y una pasión eterna,
es que el capricho dura algo más"
Oscar Wilde