Desde el 1 de enero al 31 de diciembre todos los días eran iguales, le daba igual qué estación del año fuese, bueno, quizá esto no era del todo cierto, prefería las estaciones cálidas, los inviernos a la intemperie estaban destrozando sus huesos, esa humedad que se le calaba hasta el fondo de las entrañas mientras dormía entre cartones en algún hueco que las duras calles le brindaban, sí indiscutiblemente prefería las estaciones soleadas, el calor abrigaba su cuerpo y caldeaba su corazón viejo y cascado por una vida, que temiéndolo mucho, ya para él no cambiaría.
Su vida no se regía por las fiestas; Carnaval, Semana Santa o Las cariñosas Navidades, sus ojos medían la vida por cada día que sobrevivía, y era capaz de seguir echando un pie detrás de otro.
Ese amanecer era especialmente duro, el termómetro marcaba un grado bajo cero, sus manos arrugadas y enrojecidas por el frío le dolían más de lo habitual, iba a ser un duro invierno para él. Tenía que recoger sus pertenencias y ponerse en marcha para llegar hasta el albergue donde le darían algo caliente para poder soportar la jornada, pero había que llegar pronto porque había muchos como él, y si se dormían, hasta la hora de la comida no llenarían el estómago. Así que dando la orden a sus viejos huesos dejó su alcoba y allí se presentó, ya había una cola, de gente como él, esperando a que la caridad les calentase el buche.
No sólo le gustaba aquel albergue por su comida, sino, y sobre todo, por una voluntaria que le trataba como hacía años jamás le había tratado nadie, con cariño y respeto y le brindaba todas las mañanas una sonrisa que esa sí le calentaba hasta el alma, era una voluntaria bonita, risueña y llena de vida. A veces cuando no estaba la sargento semana de la monja, que dirigía el albergue, solía sentarse con alguno de ellos mientras comían y charlaba un rato, les contaba sus cosas y les animaba a que ellos les contasen algo.
Recordaba un día en el que le miró a los ojos y le dijo ¿Por qué tú sí y yo no? ¿Que ha hecho que yo esté aquí voluntariamente sirviéndote y tú estés ahí sintiéndote un mendigo? en su experiencia él le dijo: "la diferencia en mi caso ha sido una mala jugada mía". Así empezó con ojos vidriosos y mirada perdida a contarle la historia de su vida.
-No siempre he sido un sin techo, ni un apestado social, tenía un buen trabajo, una mujer a la que amaba, una casa y un buen coche, una vida como cualquier otra, pero las cosas de repente cambian, y el trabajo desaparece y el amor se desvanece y te encuentras solo, sin fuerzas ni ganas y la casa ya no existe y te vas dejando y no deseas ya nada y un día te encuentras mendigando en las calles y visitando albergues que te den comida y abrigo. Y no culpas a nadie porque quién es el culpable. Y cuando por la calle pasas y en ocasiones te obvian, otras te esquivan para no mancharse con tu inmundicia o ponen cara de asco, cómo culparles si yo en otro tiempo hacía lo propio. Mi querida niña guapa, no sé responderte, pero sí puedo asegurarte que a la larga todos somos culpables.
Ya no pretendía nada de esta vida, simplemente poder seguir disfrutando de la sonrisa y palabras cariñosas de esa linda niña, de un plato de comida servido por alguien que le hiciese volverse a sentir persona, que le mirase a los ojos y viesen más allá de sus ropajes y barba descuidada, para él esa era la auténtica celebración navideña, ya fuera en diciembre, junio o marzo. No quería más regalos que la dicha de un nuevo día coincidiendo en su viaje con personas de corazón íntegro y mirada sincera. Porque para él ya era demasiado tarde para la esperanza.
En diciembre de 2016 escribí este cuento que publiqué en mi blog Siento la Locura. Y este año quise recuperarlo, porque llevo oyendo desde hace semanas (y diciendo) que van a ser unas Navidades raras y recordé, a veces es bueno recordar, este cuento y sentí el deseo de ponerlo de nuevo.
ResponderEliminarYo las quejas de la gente de verdad que las intento tomar con humor. Raras serán, pero no malas. Hay que valorar lo que se tiene, cerca o a distancia, porque hay quien ya no tiene nada.
ResponderEliminarTú cuento es muy bonito. Hace valorar los pequeños detalles, esos que deberían estar presentes todos los días. También para ser consciente de nuestro alrededor...
Sin mencionar a esa gente mayor que siempre ha estado sola, con o sin virus.
El año que todo eso se solucione, entonces sí habrá razones para quejarse de ser 6 a la mesa, en lugar de 20.
Qué radical soy jajaja
Un beso muy fuerte. Y espero que pases bien las fiestas.
No me pareces radical, para nada.
EliminarEs humano eso de quejarse y como dicen a cada uno le duele lo suyo pero es que a veces oyes unas quejas que dan hasta vergüenza ajena.
Besitos, preciosa y una feliz entrada de año.
Bien por republicarlo.
ResponderEliminarEncontró empátia, alguien que lo trata bien, que le sonríe.
Y tal vez se equivoque con lo de que ya no tiene esperanza.
Besos. Y felices fiestas.
Gracias, Demi. Me alegra pienses fue buena idea publicarlo de nuevo.
EliminarA veces solo se pide eso: empatía y cariño.
Besos.
Una historia de lo más adecuado a la época del año en la que estamos, con el añadido actual de la pandemia.
ResponderEliminarMe has recordado otra historia que escribí hace unos años.
Te la dejo, para que te sientas acompañada en tus cuitas.
https://alfredcomermaprat.blogspot.com/2017/03/cuento-postnavideno.html
Así chupo algo de plano.
Besines
El plano con tu presencia gana muchisimo.
EliminarMe pasaré a leerlo ;)
Besines.
un relato que hace pensar. efectivamente, hay personas que tenían una vida normal, pero por un cúmulo de circunstancias adversas acabaron perdiendo todo. las navidades tienen que ser una época especialmente dura para ellos.
ResponderEliminares fundamental tratar bien a la gente, todos somos personas...
besos y felices fiestas, guapa!!
Como suele pasar, estoy de acuerdo contigo. Y hay un dicho que dice:según vas subiendo ve saludando a las personas, porque cuando bajes te encontrarás con ellas ;)
EliminarBesos, encanto. Y muy feliz entrada de año.
Es una realidad que no queremos ver, sabemos que existe y sentimos una punzada de malestar cuando vemos a alguien durmiendo en la calle pero seguimos con nuestra vida, aceptando sin más algo tan injusto como no tener un hogar para vivir.
ResponderEliminarEn estas fiestas en las que abunda el exceso, no se nos ocurre pensar en que deberíamos estar más agradecidos por todo lo que tenemos, ahora me doy cuenta del sentido de tus palabras en mi blog.
Me parece una gran idea que saques a la luz esta historia que emociona, muy triste, pero real, no hay festividades, ni tradiciones familiares para los que lo han perdido todo.
¡Un abrazo!
Muchas gracias, Ana.
EliminarSomos tan egoistas, tan insolidarios que nos quejamos a veces por tonterias y somos incapaces de ver que somos muy afortunados.
Gracias por estar por aqui.
Besos.
Una historia de Navidad diferente, de navidad real sin villancicos ni lugares comunes habituales, una historia con la mirada puesta en alguien a quien la mayoría todos los días suele desviársela, uno de esas personas a las que la vida les pasó por encima, un "soltado de la mano" del sistema... Gran idea reeditar esta también muy bien escrita historia, digo también porque no es lo primero que te leo que está muy bien escrito. Tienes ese donde humanizar versos y relatos. Te felicito, Prozac.
ResponderEliminarAbrazo tan agradecido como admirado.
Muchas pero muchas gracias. Creo que empiezas a tenerme cariño y por eso me lees con otros ojos y te parece bueno lo que escribo jaaja
EliminarNo sé si escribo bien, sé que no, pero lo que sí sé es que escribo con el corazón y creo eso es algo que llega.
Me gusta mucho tenerte por aqui.
Abrazo agradecido, admirado y con cariño.
Que bella e impactante historia, muy triste y tierna a la ves, me ha encantado.
ResponderEliminarParece que no, pero creeme, existen pocas, muy pocas, personas, muy contadas, es difícil verlas, pero existen esas personas sensibles que son capaces de ver mas allá de apariencias, de formas y actitudes, mas allá de corazas, solo con profundidad de corazón a corazón, comprender miradas y sentir con los ojos cerrados.
Un abrazo amiga, pasa felices fiestas, y se muy feliz
Gracias Jorge :)
EliminarSiempre consigues poner una sonrisa en mi carita.
Sí que existen esas personas que son capaces de sentir y de ponerse en la piel de los demás y que son las personas que humanizan nuestra especie.
Besos, amigo y feliz entrada de año.
Un buen relato un tanto triste. Eco de realidad de muchos.
ResponderEliminarMuchas gracias. Y sí, por desgracia eso no es algo inusual.
EliminarUna historia triste mi amiga, estas Navidades,
ResponderEliminarserán muy diferentes a todas las que hemos
vivido, pero hay que aceptarlo y con la esperanza
de que este nuevo 2021, sera saludable y diferente,
para nuestra alegría, pero seguimos aquí y con esa
esperanza de que sera mejor, recibe mi abrazo
con todo carino mi amiga.
Besitos dulces
Siby
Diferentes? Si, peores? Para los que ya no están sin duda sí, pero para los que siguen estando, para los que siguen teniendo una mesa donde sentarse y una buena comida que llevarse a la boca, podrán ser diferentes, pero no peores.
EliminarAqui seguimos y seguiremos.
Feliz entrada de año, preciosa.
Besitos
Haces bien en traer de nuevo este relato, querida Prozac. Muy sentido, rompe con todo esquema de "navidades raras" o de "fechas especiales".
ResponderEliminar¡Cuánta gente ha de pasarla así mientras por TV nos muestran niños rozagantes que festejan la llegada de la mañana y de los innumerables regalos que tal vez en enero ya quedarán viejos y olvidados... gracias a que toman Coca Cola!
Beso grande! Pasala bien
Gracias, Frodo y veo captaste a la perfección mi intención.
EliminarSos groso, amigo Frodo.
Al final haréis de mi una "argentina adoptiva" de pro jajajajaja
Feliz entrada de año.
Besos.
Felices Fiestas, Prozac... Perdón por la demora en responder en mi blog, pero cuestiones de trabajo me imposibilitan hacerlo como corresponde.
ResponderEliminarTe mando un gran abrazo, hallazgo del 2020. Felicidad y prosperidad para vos, los tuyos y todos los que vos quieras!!
Nada por lo que pedir perdón :)
EliminarFeliz entrada de año, querido Carlos. Digo lo mismo un auténtico hallazgo has sido para mi. Un hallazgo que me ha encantado.
Un abrazo inmenso y hoy te mando también un beso.
Y cada vez hay más cola en los albergues...
ResponderEliminarHay que mirar atrás...y encontramos personas con peor suerte que la nuestra,y más en estos días...
Muy oportuna la re-publicación.
Buenas fiestas,Livy.Dentro de lo posible somos afortunadas.
Felicidad para ti y tus personas queridas!
: )
Muackkkkkkkkkkk
Somos afortunadas no lo dudes.
EliminarAsí que disfrutemos de ello ;)
Feliz entrada de año, belleza.
Muackkkkkkkkkkkkk
Que bonita historia nos traes, me alegro que la hayas rescatado.
ResponderEliminarLas Navidades nunca han sido de mi agrado, se hacen difíciles desde que no está. Me gusta más recibir el cariño y estar con la familia el resto del año ¿buen promedio, no? jajjaa es que tonta no soy.
Besitos y abrazos preciosa.
❤
Gracias, Laura. Me alegro te alegre 😂
EliminarTú de tonta nada de nada, siempre te he dicho que eres muy pero que muy lista jajajaa
Desde que no están todo tiene un color diferente.
Besitos, cosa guapa.
Precioso cuento, Prozac un tanto agridulce, que toca la fibra. Qué bien escribes.
ResponderEliminarQue pases una Noche Vieja de escándalo y muy divertida con las debidas medidas anti covid, y que puedas hacer en el 2021 todo lo prohibido en el 2020
Muxu bat, maitia :)
Muchas gracias por tus amables palabras Gumer.
EliminarHaremos todo lo posible y más, por entrar en el 2021 riendo. Qué podamos todos en el 2021 recuperar la libertad en todos los ámbitos.
Muxuak, biotza :))
Qué cuento más bonito. Hay sonrisas que llevan de calor y color una vida. Hay personas que son capaces de hacer eso sin esfuerzo. Apuesto a que la voluntaria es una especie de Prozac, encantadora y generosa con los demás. Besitos bombón
ResponderEliminarLlenan, no llevan, que me pasa por no leer lo que escribo.
EliminarTe diré, la voluntaria era Prozac ;) eso sí, ya que escribía yo sobre ella quizás la pinté más guay jaajaj
EliminarPero hay algo que es fiel a la realidad, la sonrisa siempre la llevaba conmigo para regalar
Besitos, chérie.