Comer es -para mi- un auténtico placer, el maridaje es un arte que me satisface, acompañar una buena comida con un buen y adecuado vino es un arte, sin lugar a dudas. Pero no solo la parte de degustar y paladear un buen plato y un buen vino es la que me hace feliz, no, el proceso de cocinar, de intentar innovar o incluso versionar recetas tradicionales, es una actividad que me place, que me relaja, soy yo bastante nula para el ganchillo, el punto de cruz, el encaje de bolillos o manualidades similares que a mucha gente le distraen y relajan, a mi la verdad es que me ponen bastante nerviosa, tanto como la música zen (rarita que es una), pero cuando me meto en la cocina y empiezo a pensar en ingredientes, en mezclarlos, en fusión de sabores, en cómo variar alguna receta de esas que han pasado de generación en generación, entonces ya nada más existe, solo mis utensilios, mis ingredientes, y mi corazón.
Y ese momento obra su magia y desconecto de todo y me relajo. Y si a eso le añado saber que voy a cocinar para otras personas, entonces ya la emoción se duplica, en el confinamiento me uní a una iniciativa en la que se pedían voluntarios para hacer las compras y cocinar para personas que no podían, en su mayoría personas mayores solas, y os aseguro que para mi fue una experiencia que repetiría con gusto.
Como la lectura me gusta mucho, no podía ser de otra manera que también me gustasen los libros de recetas, en la alacena de mi cocina tengo algunos de ellos, la última incorporación ha sido un regalo doble; el libro de recetas de casa de mi madre de Tamara Falcó y un libro muy especial "Cuéntame tus secretos de cocina"
Este último solo se podrá leer cuando llene sus hojas con "mis recetas" con algún truquillo, y en definitiva, con mi esencia.
Ya estoy deseosa de ir llenando las páginas...y más deseosa aún de seguir disfrutando de una buena mesa con una buena compañía, porque no hay nada como compartir y departir alrededor de unos buenos manjares.
Practico cocina de supervivencia, con el toque exigido de improvisación, en función de las disponibilidades de la despensa.
ResponderEliminarA parte, aunque ahora menos, de tanto en tanto hacía alguna cosa más lucida, para degustación de parientes o amigos. La verdad es le da un grado de satisfacción añadido al hecho de cocinar, cuando lo compartes y ofreces.
Tiene mucho mérito lo de ofrecerse para una labor así, es entretenida pero agradecida.
Sí necesitas un catador, me ofrezco según tiempo disponible de la cocinera. ;)
Besines.
La cocina de supervivencia está muy bien, no hay nada que agudice más el ingenio que la supervivencia ;))
EliminarQué buenin eres ofreciéndote como cobaya jajajaja
Besines
Es otro tipo de supervivencia.
EliminarAceptar los buenos ofrecimientos ;)
+Besines.
Tú sí que sabes ;)
Eliminar+Besines
Está muy bien tener algunas de esas pasiones, para desconectarse del mundo.
ResponderEliminarBesos.
Así es Demi, todos tenemos pasiones que nos hacen evadirnos y recargar pilas y creo son muy necesarias.
EliminarBesos
son 'debilidades' o quizá 'fortalezas', quién sabe. ;)
ResponderEliminarno hay una chica vasca que no sea buena cocinera, seguro que harás cosas muy ricas. te atreverías a hacer una carolina de merengue? ahí lo dejo. :)
a mí la música zen, tan etérea, como mucho me puede gustar para una clase de yoga. para relajarme me gustan cantantes femeninas de soul como sade o roberta flack.
besos!!
Creo que los vascos tenemos el gen cocina incorporado, las amatxus son grandes cocineras y no hay más que ver las sociedades gastronómicas. La mejor celebración para un vasco es alrededor de una buena mesa jajaja. Parece que todo lo solucionamos con una buena comida y un buen vino jiji
EliminarLa música zen para el yoga va bien, pero es que el yoga me aburre, no soy yo capaz de llegar a un estado zen de tranquilidad y relajo tal, como para transcender más allá de mi misma, además que con todos mis respetos, me aburre soberanamente.
Y lo de la carolina me atrevería, claro que sí, eso sí que salga comestible ya no puedo asegurarlo jajajaj
Besitos, chema y perdona la tardanza en contestar.
No tengas dudas y dilo con todas las letras, Prozac, tu creatividad aflora, tu sensibilidad crea... la cocina, la repostería, la licorería incluso, lo culinario en definitiva son parte de la cultura de un pueblo y por lo tanto disciplinas artísticas...
ResponderEliminarAbrazo hasta allá siempre admirado y también demorado, por lo que me disculpo otra vez.
Así es, son parte de la cultura de un pueblo y como le decía a chema, el pueblo vasco siempre ha estado muy ligado a lo culinario.
EliminarPensamos que el arte está en las letras, en la música, la escultura, la pintura, pero el Arte es mucho más, el Arte abarca mucho más, hasta en actos cotidianos puede asomar el arte.
Un abrazo inmenso y agradecido y te pido disculpas por la tardanza en contestar y en comentar, algo que hoy pienso ponerle remedio.
A mí me encanta comer, pero no cocinar. Además, tampoco es que se me dé bien, me defiendo y ya está.
ResponderEliminarAdmiro a los que se os da bien la cocina y aun encima disfrutáis con ello. Mi madre es de esas, le gusta y se le da bien.
Besos.
A mi me gusta ambas cosas, disfruto con las dos.
EliminarMi marido decía: "no importa si no se sabe cocinar, lo importante es conocer a alguien que sí sepa" jajaja
Besos
Es un gran gesto de altruismo. Admirable entre tanto egoísmo. Me alegro de tu vuelta.
ResponderEliminarEn realidad si lo piensas bien tampoco es tan altruista, porque haciéndolo yo me siento feliz, así que lo hago un poco también por mi misma ;)
EliminarGracias :)
Desde no hace mucho, descubrí que la cocina es un buen refugio para abstraerse del mundo (y de la familia también, por un rato, digamoslo). Me llevo mi música o algún podcast y cocino muy tranquilo, y hago lo mismo que tú. Intento maridar algunas cosillas.
ResponderEliminarTe recomiendo que intentes cocinar, ahora que estás en invierno, pollo con papas a la crema de leche con cebolla de verdeo. si lo quieres bien potente se hace tanto el pollo como las papas, fritos. Yo suelo hacer uno de los dos frito, el otro más tranqui.
La crema de leche (el gran Borgo la llama nata así que seguro tú la conoces así también), la cocinas bastante tiempo y la mezclas con la cebolla de verdeo apenas rehogada en aceiete de oliva.
Eso, con un buen tinto, un malbec de Mendoza ya que estamos, así recuerdas de dónde vino esta recomendación.
Besooooooo
La seguimos querida Livy
Un buen vino contigo son risas aseguradas. Yo pruebo todo lo que hagas, tengo buen saque.
ResponderEliminarMe ofrezco.
Besitos.
Pues tú y yo formamos un dúo perfecto. Porque lo que a ti te gusta cocinar a mí me gusta comer, así que me uno a la iniciativa de Laura y también me ofrezco voluntario para probar tus innovaciones que seguro que están de libro. Sí, de ese que tardarás poco en rellenar. Besitos cariño
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